DIABETES TIPO 1 SALUD

EDUCACIÓN EN DIABETES TIPO 1, ESENCIAL PARA UN BUEN CONTROL

Diabetes Tipo 1

 

La diabetes tipo 1 es una enfermedad que se presenta cuando las defensas del propio organismo (sistema inmune) destruyen las células beta del páncreas, provocando que éste deje de producir insulina. Es un padecimiento que no se puede prevenir y que requiere, como parte de su tratamiento, inyecciones de insulina, una alimentación saludable, la práctica regular de ejercicio, el automonitoreo de la glucosa capilar, entre muchos otros.

Es evidente que los esfuerzos por combatir esta epidemia, controlándola eficientemente, han sido insuficientes pues las cifras de incidencia van en aumento. Un problema de tales proporciones no puede solucionarse con acciones aisladas que no integren una visión interdisciplinaria para su tratamiento.

Debido a que la diabetes es una condición definitiva, necesita una educación continuada del paciente que le permita adaptarse a los cambios y posibles complicaciones que puedan manifestarse en el transcurso de la enfermedad. Una asistencia médica adecuada, asociada a los cuidados de un equipo multiprofesional, una educación e información individualizada al paciente y grupal (dirigida a la familia y al entorno social) y un control metabólico, son capaces de prevenir o retardar la aparición de las complicaciones crónicas de la diabetes.

El diagnóstico de la enfermedad altera de manera súbita el estilo de vida del paciente y de todos sus familiares. El buen control de la diabetes tipo 1 siempre representa un reto, especialmente cuando se trata de niños, ya que requiere aprender un conjunto de habilidades relacionadas con el manejo de la enfermedad, en otras palabras, requiere educación.

La educación en diabetes es aquella que se proporciona mediante un programa planificado, estructurado y progresivo, que es coherente con los objetivos del paciente, flexible en el contenido, que cubre las necesidades clínicas individuales de la persona, y que es acorde al nivel y contexto cultural del mismo. Elliot P. Joslin aseguraba que “la persona con diabetes que más sabe, es la que más vive”. Por su parte la OMS puntualiza que la educación es la base del tratamiento del paciente con diabetes y vital para la integración de la persona a la sociedad.

Los educadores en diabetes son profesionales de la salud (médicos, nutriólogos, enfermeros, psicólogos, entre otros) que están calificados para trabajar en conjunto con personas que viven con diabetes y sus familaires para lograr un buen control de la enfermedad. El papel del educador siempre es dinámico y está conformado por el entorno en el que ejercen y por los avances científicos y tecnológicos que les rodean. El papel del educador incluye la promoción de la salud, la prevención de las complicaciones crónicas y potencialmente letales, optimizar la calidad de vida y el control glucémico, a la vez que se mantienen los costos dentro de límites aceptables.

Es importante señalar que la educación en diabetes es un proceso activo que ayuda a las personas a desarrollar destrezas para el autocuidado de la enfermedad, y ofrece a todos aquellos vinculados en el cuidado de la diabetes, información sobre cómo ajustar día a día el tratamiento de la mejor manera.

La educación en diabetes coloca a la persona, y en este caso también a los padres, como protagonistas de una intervención permanente que implica comunicarse con un equipo multidisciplinario (médico, nutriólogo, psicólogo, entre otros) y coordinar un plan de tratamiento efectivo. Los beneficios de la educación no sólo abarcan a las personas con diabetes y sus familiares, también se amplían a toda la sociedad, ya que cuando las personas consiguen un mejor control, mejora su salud y bienestar general, se reduce el riesgo de complicaciones y, por lo tanto, se reduce el gasto sanitario.

Está extensamente documentado que un mal autocuidado de la diabetes genera un empeoramiento de la salud y el bienestar de las personas que la padecen. Poco a poco comienza a existir mayor evidencia acerca de la eficacia de la educación en diabetes como parte de un tratamiento integral. En un estudio realizado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se demostró que pacientes con diabetes tipo 2 que asistían a sesiones educativas mejoraron sus cifras de glucemia en ayunas posterior a su asistencia a las sesiones. En otro estudio se encontraron variaciones significativas favorables en los niveles de glucemia después de una intervención que incluía sesiones educativas. En otro estudio que llevó a cabo un educador en diabetes en una clínica rural se observó que como resultado de la educación en diabetes, se produjo un notable aumento de las visitas para realizar exámenes oculares, de hemoglobina glucosilada, análisis de lípidos y orina, revisiones de pie con monofilamento, entre otros sugiriendo que se puede extender con mucha mayor razón a los casos de diabetes tipo 1.

La educación no debe ser una intervención aislada, sino un proceso continuo. Las necesidades educativas de la persona evolucionan con el tiempo ya que, al ir progresando su diabetes, cambian sus necesidades individuales y sus planes de tratamiento. Por lo tanto, debería ofrecerse educación en el momento del diagnóstico y después valorarse por lo menos una vez al año y con los cambios de tratamiento.

Las personas que viven con diabetes encuentran muchos obstáculos a la hora de seguir instrucciones terapéuticas (médicas, nutricionales, de actividad física, entre otras) aumentando cuando se presenta la etapa de adolescencia en la que la integración a círculos sociales y rebeldía dificultan el control metabólico. Por tal motivo, es necesaria una educación que reconozca el origen cultural de las personas, su capacidad de comprender información y su etapa de desarrollo.

Afortunadamente, cada día se reconoce más el papel de la educación en diabetes como parte fundamental del tratamiento de la enfermedad. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer ya que el acceso a la educación en nuestro país es limitado y aún no se ofrece de manera universal como pilar fundamental de un buen control de la diabetes. Es necesario seguir trabajando para que se reconozca su importancia a la hora de promover un estilo de vida más saludable, mejorar la calidad de vida y reducir los costos sanitarios directos e indirectos que ocasiona la enfermedad.

Para las personas de cualquier edad, el tratamiento de la diabetes significa un gran reto. El caso de los niños con diabetes tipo 1 es aún más complejo ya que al diagnóstico necesitan educación inmediata acerca del uso y administración de insulina, así como el manejo de una hipoglucemia. Además, existen obstáculos que pueden impedir un tratamiento óptimo como un nivel socioeconómico bajo que impide que los niños puedan acceder a las nuevas tecnologías o que incluso carezcan de la cobertura total de suministros médicos.

Otro obstáculo al que se enfrentan es el conflicto que supone el desarrollo normal del niño y la complejidad del régimen de control de la diabetes tipo 1. En la actualidad, los estándares de atención de la diabetes de la ADA recomiendan que se debe buscar la autonomía del niño a través de una transición gradual durante la primaria y secundaria supervisada por un adulto. Los educadores en diabetes necesitan promover la necesidad de compartir la responsabilidad entre los miembros de la familia de modo que los niños en desarrollo puedan involucrarse en su propio cuidado a la vez que siguen abiertos a recibir apoyo de los que le rodean.

Los niños con diabetes son, en primer lugar y por encima de todo, niños. La educación debe adaptar sus contenidos y el modo de impartirse a la edad del paciente. Los educadores y profesionales de la salud deben ser sensibles a las tareas normales de desarrollo del niño e intentar incorporar el control de la diabetes a las actividades normales de la infancia (deportes, juegos, viajes, fiestas, entre otros). Esto ayudará a los pequeños a encontrar un equilibrio entre el sentimiento de pertenencia y el de singularidad.

Los campamentos para niños y jóvenes con diabetes son una excelente herramienta educativa para fortalecer y desarrollar conocimientos y habilidades que les permitan un mejor control de la diabetes. Además les ayuda a desarrollar un sentido de pertenencia a un grupo lo que deriva en una mayor autoestima, confianza y seguridad en sí mismos y una nueva actitud ante su futuro como adultos.

 

Por L.N E.D. Beatriz Ríos Gómez

ASOCIACIÓN MEXICANA DE DIABETES

 

Referencias:

  1. Guzmán-Pérez M, Cruz-Cauich A, Parra-Jiménez J, Manzano-Osorio M. Control glicémico, conocimientos y autocuidado de pacientes diabéticos tipo 2 que asisten a sesiones educativas. Rev Enferm IMSS 2005; 13 (1): 9-13.
  2. Díaz L, Galán S, Fernández G. Grupo de autocuidado de diabetes mellitus tipo II. Salud Pública Méx 1993; 35 (2): 169-176.
  3. Federación Internacional de Diabetes. Educación para la diabetes. En: Diabetes voice. 2007; 52: 37-41.

comentarios

Sobre el autor

L.N.E.D. Beatriz Rios Gomez