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LOS HABITOS DE ALIMENTACION Y LA DIABETES

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Dra. Maritza Bendayan

Hacer deporte, comer bien, beber agua o ver menos televisión o videojuegos son algunas costumbres que los niños deben aprender desde pequeños para llevar una vida sana.

El proceso de aprendizaje y formación de hábitos alimentarios durante la infancia se basa en la construcción de rutinas saludables.

Los hábitos son esas acciones que, a base de repetirlas, se convierten en nuestra forma de hacer las cosas.

No hay que esperar a que nuestro hijo tenga problemas de salud o sobrepeso para establecer unos buenos hábitos de vida.

Aunque estas afirmaciones suenan lógicas y razonables, en 2010, alrededor de 40 millones de niños, menores de cinco años tenían sobrepeso.

Los hábitos alimentarios de la primera infancia se mantienen durante toda la niñez y la edad adulta.

Por lo que establecer rutinas saludables en la infancia es una inversión en salud para toda la vida.

Algunas recomendaciones para enseñar buenos hábitos alimentarios a los niños son:

Planear las comidas con antelación. Así suelen ser más equilibradas y completas. Podemos establecer un momento de la semana en el que diseñar el menú, y otro para comprar lo que necesitamos

Establecer horarios fijos para cada comida. Hay que acostumbrar al cuerpo a unos horarios y limitar el picoteo entre horas.

Compartir al menos una comida familiar. Es una oportunidad de convertirnos en un modelo de hábitos para nuestros hijos.

Hacer las comidas más originales y apetecibles. La monotonía en la mesa produce insatisfacción e induce al picoteo

En el momento de las comidas, enseñarles los buenos hábitos como lavarse las manos antes de comer, los buenos modales en la mesa, comer despacio y con tranquilidad, entre otros.

Dejar que ayuden en la cocina, haciéndoles partícipes, para que aprendan los peligros y los buenos quehaceres

Evitar distracciones (televisión, computador, juguetes, etc.) en la hora de comida. Se debe intentar lograr un ambiente tranquilo y agradable

No dejar que coman golosinas saladas o dulces, ricos en sacarosa, sal y grasa, antes de las comidas, ya que éstos reducen el apetito.

A la hora de comer, utilizar utensilios que sean manejables para ellos y servirles las porciones adecuadas, nunca comparables a las de un adulto.

La prevención es, sin duda, la mejor apuesta para el futuro. Después de todo,   el deporte y el descanso, junto a una alimentación equilibrada,  son los pilares de una vida saludable.

 

Nota: Este contenido no pretende ser un sustituto de consejo médico profesional, diagnóstico o tratamiento. Siempre busque consejo médico para cualquier pregunta sobre una condición médica o cambio en su tratamiento.

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Sobre el autor

Dra. Maritza Bendayan

Dra. Maritza Bendayan

Maritza es psicólogo clínico con especialidad en Medicina Conductual. Posee más de 30 años de experiencia, como parte de equipos interdisciplinarios en Endocrinología y Diabetes, Endocrino-pediatría, y Neuropediatría.

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